Llegó la dieta del cobre? Estudio asegura que el mineral ayuda a quemar grasas

Puede ser que el producto símbolo de Chile te de un empujoncito para tener ese cuerpo que siempre quisiste. Aquí te contamos lo que dice esta investigación sobre nuestra querida y principal materia prima de exportación.
Existen dietas de todas las formas y sabores. Están desde las elaboradas por médicos y gurús de la nutrición, casi siempre estructuradas en etapas y centradas en la reducción temporal de carbohidratos, compensado por el aumento de otros nutrientes, como grasas o proteínas; pasando por la del “genotipo” y las “detox”; hasta las que nacieron desde la cultura popular, y que casi siempre prometen resultados “rápidos” mediante un cambio abrupto y radical de alimentación por un período limitado de tiempo, habitualmente limitándose al consumo de un solo tipo de comida: así encontramos la dieta de la sopa, la manzana o hasta la de la nuez de la india.
Así que, después que un estudio publicado en la revista de ciencia Nature asegurara que este mineral tiene un importante rol en la disminución de las grasas en el organismo, no sería de extrañar que empiecen a aflorar dietas basadas en la incorporación de este mineral en la ingesta, dando paso a la dieta del cobre.
¿Qué dice el estudio?
Se trata de una investigación liderada por Christopher J. Chang, profesor de química molecular de la Universidad de Berkeley. El artículo se publicó bajo el nombre de Copper regulates cyclic-AMP-dependentlipolysis (algo así como “El cobre regula la lipolisis dependiente de AMP cíclico”). Básicamente, lo que dice es que el cobre tiene una gran participación en el metabolismo de la grasa. A través del estudio descubrieron que el mineral actúa quemando esta no muy querida parte de nuestro cuerpo, a través de un proceso llamado lipólisis: la degradación de las células de grasa en energía.
De hecho, mientras más cobre, más de estas células son degradadas. La razón detrás de esto, es que el mineral actúa disminuyendo la capacidad de una enzima (fosfodiesterasa 3) dedicada a ralentizar el proceso de la quema de grasa. ¿En pocas palabras? Impide que otra enzima entorpezca la lipólisis.
¿Cómo lo descubrieron?
Para esto, llevaron a cabo un experimento con ratones de laboratorio. Ahí utilizaron de muestra a un grupo de roedores con la Enfermedad de Wilson: un trastorno que hace que el organismo almacene el cobre en los tejidos del cuerpo (principalmente en el hígado, pero también en el cerebro y los riñones).
En el grupo de los pequeños con cola que poseían la enfermedad, se encontraron niveles de grasa inferiores a los normales en el hígado, a diferencia de los ratones sanos. Aunque también mostraron mayores niveles de grasa en el resto del cuerpo, ya que el material no se encontraba distribuido correctamente.
Después, les suministraron isoproterenol, un medicamento que induce la lipólisis. Tras esto, descubrieron que aun así los ratones enfermos tenían una menor actividad de quema de grasa a nivel corporal que los ratones sanos.Esto los llevó a estudiar la interacción entre la grasa y el cobre a nivel celular, llegando así a su conclusión principal: el cobre resultaba clave en el proceso de quemar lípidos.
¡¿Comemos cobre?!
Aunque de todo esto, quizás lo que más sorprenderá al ciudadano común, es que el cobre se come. Y es que está presente en una serie de alimentos: legumbres, setas, verduras de hojas verdes, semillas, carne roja e incluso el chocolate (cuando de verdad tiene cacao).
El asunto es que nuestro cuerpo no es capaz de crearlo, así que sólo podemos incorporarlo a través de una fuente externa, como la alimentación o los suplementos. Algo que es fundamental, debido a sus beneficios para el sistema nervioso y cardiovascular, su importancia para prevenir la osteoporosis o tratar la anemia, además de los beneficios que le entrega a la piel.
Ojo con pasarse
El cobre no viene en las etiquetas nutricionales, así que puede ser difícil hacerse una idea de cuánto de este mineral consumimos. Nuestra ingesta promedio recomendada del mineral bordea los 0,88 miligramos diarios (para alguien que pesa 70 kilos) según la OMS, es decir, bien poco. Los hombres europeos son los que lideran el consumo de cobre, con entre 1 y 2,26 mg. diarios, mientras que las féminas europeas consumen entre 0,9 y 1,1 mg.
Eso sí, no todo lo que brilla es cobre. Si superamos considerablemente esa cantidad, podemos encontrarnos con una serie de problemas. Por ejemplo, podríamos inducir a un desbalance respecto a otros minerales esenciales, como el zinc, el encargado de fortalecer el sistema inmunológico, entre otras cosas. Así que no es llegar y consumir aros de cobre para quemar grasas.
¿Qué cuánto cobre hay en nuestra comida? Por suerte, no demasiada. Algunos de los alimentos con más cobre por cada 100 gramos son: la ostra, con 1,13 mg., el huevo, con 0,74; las nueces, con 1,77 mg., algunos cortes de carne bovina, con 0,25 mg., los porotos negros, con 0,86 mg. y, como dijimos antes, el chocolate, con 0,51 mg.
Además, no porque “traigan” esa cantidad, quiere decir que toda se irá a nuestro organismo. De hecho, el cobre presente en animales lo absorbemos con mayor facilidad que el presente en vegetales.
Alcances del estudio
Originalmente, el propósito del estudio era determinar el rol de este mineral en la comunicación neural a nivel cerebral. Sin embargo, tras su descubrimiento, el trabajo se enfocó principalmente en su interacción con el metabolismo de la grasa. A partir de esto, en la investigación se menciona que sería interesante profundizar en la relación entre la obesidad y la falta de cobre en el organismo, especialmente en seres humanos, ya que no siempre lo que funciona en ratas se replica en nuestra especie.
Además, el líder de la iniciativa, sostuvo que también se podría investigar el rol que podría tener este mineral en el ganado. Esto, ya que podría utilizarse este conocimiento para la producción de carne con menores índices de grasa.
Fuente: http://codelcolab.com/

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