EL COBRE EN LA NEUROFISIOLOGÍA DEL HIPOCAMPO

El cobre, a lo largo de la historia de la humanidad, no sólo ha sido un factor central en el desarrollo social y evolutivo del hombre, sino también un elemento imprescindible en el mantenimiento y balance orgánico de muchas estructuras y procesos en nuestro ambiente, de allí su amplia presencia en diversas formas y concentraciones en océanos, suelos y plantas.

El cobre es un elemento esencial en diversos procesos fisiológicos y patológicos. Su acumulación excesiva en hígado, cerebro y particularmente en los ganglios basales, conduce al cuadro patológico conocido como la enfermedad de Wilson. Por otra parte, la ausencia de este metal en el recién nacido provoca degeneración cerebral y cerebelosa patología reconocida como enfermedad de Menkes. Actualmente se discute su papel en el Parkinson, Alzheimer y esclerosis lateral amiotrófica. Nuestros estudios en ratas han mostrado los efectos del cobre en la excitabilidad del hipocampo; su acción supresora de la LTP hipocámpica, sin alterar el aprendizaje y la memoria estudiados en el laberinto acuático de Morris, resultados paradójicos tanto desde la perspectiva neurofisiológica como en su inferencia clínica.

El cobre es parte integral de varias proteínas y es también un co-factor necesario para el funcionamiento de diversas reacciones enzimáticas. Se acepta comúnmente que el cobre puede reaccionar ávidamente con proteínas y unirse a thiolatos, aminas y grupos carboxílicos presentes en macromoléculas1. Las acciones de este metal son extremadamente útiles para el funcionamiento de la citocromo oxidasea C, metallothioneína, super óxido dismutasa, dopamina beta hidroxilasa, tiro-sinasa, lisil oxidasa, factor de coagulación V y factor VIII. En este mismo sentido, se ha establecido que el cobre está comprometido en los mecanismos de defensa, fortalecimiento óseo, maduración de los glóbulos rojos y leucocitos, en el transporte del fierro, en el metabolismo del colesterol, contractibilidad cardíaca, metabolismo de la glucosa y desarrollo cerebral2-4.

Fuente: extracto, www.scielo.cl

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